La sierra siempre ofrece paisajes extraordinarios y poco conocidos. Esto último, tal vez, debido a sus caminos intransitables y olvidados, construidos hace ya muchos años a pico y pala, lo que dificulta su recorrido. Algunos, sino es que casi todos, solo se pueden transitar en vehículos de doble tracción y no muy grandes.
Si agregamos a lo anterior el
deslave natural provocado por las lluvias, que deja las brechas llenas de
piedras y zanjas, e incluso algunas literalmente borradas, viajar por estos
caminos se vuelve casi imposible.
Quise pasar por una brecha que
había recorrido cotidianamente, pero me llevé una gran sorpresa. Con dificultad
avancé un buen tramo, pero al llegar al arroyo, el camino prácticamente había
desaparecido, lo que me impidió continuar.
Truncado mi paseo, me bajé del
vehículo justo donde la fina y abundante arena impedía el paso del auto. Caminé
un buen trecho sobre piedras, gravilla y ramas. Finalmente, me senté a
contemplar el paisaje y, frente a mí, al otro lado del arroyo, sobre la enorme
pared de un cerro, distinguí una figura que llamó mi atención: un rectángulo de
gran tamaño, como una enorme puerta, perfectamente marcada y que, por su
dimensión (tal vez cinco metros de alto), parecía construida por gigantes o con
enormes andamios.
No solo eso: al observar
detenidamente este portal, pude ver que guardaba varias figuras claramente
visibles, como el contorno de unas ballenas y otras formas más.
Por eso quiero compartir con
ustedes este descubrimiento. De inmediato dejé correr mi imaginación, tratando
de encontrar una explicación lógica a tan singular hallazgo.
Con un contorno rectangular
perfectamente marcado y bloques de piedra muy bien alineados y pegados, parecía
como si hubiera sido diseñado por un profesional: un ingeniero o un arquitecto.
A simple vista, daba la impresión de que esta puerta fue cerrada a propósito.
Inmediatamente me pregunté cuál podría ser el origen de esta figura.
Podría ser, pensé, una
construcción natural generada por el tiempo, el clima y la fuerza de la
naturaleza; resultado, pues, de un proceso geológico natural. La erosión, la
actividad tectónica y otros fenómenos pueden dar lugar a estructuras que
parecen artificiales, como arcos o puertas, sin intervención humana.
También cabe la posibilidad de
que el portal sea una construcción antigua de alguno de los grupos indígenas
que habitaron esta región. Tal vez edificaron estructuras ceremoniales, lugares
de culto o puntos de referencia.
Como el portal está adornado
con figuras aparentemente talladas, podría ser un sitio de arte rupestre. Este
tipo de expresiones artísticas son comunes en muchas culturas antiguas y
podrían tener significados espirituales o rituales.
En estas tierras áridas, donde
el agua era considerada un regalo sagrado, la puerta podría estar custodiada
por el espíritu de un manantial o río desaparecido. Quizá solo quienes respeten
la naturaleza podrían encontrarla o cruzarla.
Las montañas como la “Sierra
de la Giganta” son lugares emblemáticos que podrían albergar una puerta. Sus
paisajes únicos, con cañones, pinturas rupestres y una atmósfera mística, son
ideales para situar un portal mágico.
Las pinturas rupestres podrían
ser claves para entender la puerta. Podrían representar los guardianes del
portal.
Los Pericúes, Guaycuras y
Cochimies creían en espíritus que habitaban en los animales, rocas y montañas.
Un coyote, un águila o una serpiente podían aparecer como guardianes de la
puerta.
Esas culturas eran también, profundos
observadores del cielo. Se podría vincular la puerta con un evento astronómico específico,
como la alineación de las estrellas o el paso de un cometa, que los antiguos
habitantes usaban para marcar ciclos importantes.
Si el origen de esta puerta no se encuentra en las posibilidades anteriores, exploremos otras, quizá más radicales, pero que encuadran en el imaginario colectivo.
¿A usted le han dicho alguna vez que existe el infierno? Bueno, a lo mejor esta es la entrada a ese lugar.
El infierno, según muchas
religiones, es un lugar o estado donde las almas de los pecadores son
torturadas eternamente después de la muerte. La palabra "infierno"
significa "por debajo de", "lugar inferior" o
"subterráneo". En la doctrina cristiana, el infierno es el lugar
donde los condenados sufren un castigo eterno. La Biblia lo describe como un
lugar de fuego eterno.
En otras culturas, el
inframundo está más relacionado con un lugar donde reposan las almas que con un
sitio de castigo.
Ahora, si como muchos
creen, hay una cuarta dimensión o un mundo paralelo al terrenal, quizá sea la
entrada para llegar a ese lugar. No cabe duda de que sería interesante poder
visitar un espacio así. Tal vez descubriríamos muchos secretos que este mundo
nos ha negado, o podríamos vivir experiencias que hasta la fecha no conocemos.
O tal vez llegaríamos a otros planetas con seres vivos pensantes de
civilizaciones más avanzadas.
Agotadas las opciones anteriores, intenté la
última, la del cuento aquel, no sé si usted lo recuerda, Alí Babá y los
Cuarenta Ladrones, esa historia que cuando éramos chicos formaba parte del
repertorio de historias que nos contaban y que a su vez forma parte de otra
obra mayor: “Las Mil y Una Noches”.
Las mil y una noches, por si usted no lo sabe o no lo recuerda es una recopilación
medieval de cuentos tradicionales de Oriente recopilados en lengua árabe
durante la Edad de Oro del islam.
Algunos de los cuentos
que suelen asociarse con Las mil y una noches—en particular «Aladino y la
lámpara maravillosa» y «Alí Babá y los cuarenta ladrones»—no formaban de hecho
parte de la colección en las versiones árabes originales, sino que fueron añadidos
tiempo después.
Sin embargo, probé las
palabras mágicas, aquellas con las que los ladrones del cuento abrían la
entrada a la montaña: “Ábrete Sésamo”, y lo hice a todo volumen, ayudado por el
eco de los cerros que rodean el lugar y que al instante te responde amentando
cientos de veces el sonido original. Algo espectacular, por cierto. Pero aún
así, tampoco se abrió.
Intenté otras palabras y
ninguna funcionó..
Hay otras posibles
explicaciones más mundanas:
Quizá esta puerta sea un
vestigio de los primeros colonos que llegaron en 1768, tras la expulsión de los
Jesuitas. Estos colonos formaron ranchos ganaderos, como San Dionisio de Quepo
o Jesús María.
También pudo ser el escondite
secreto de algún hacendado próspero de principios del siglo XX, como don Benigno
de la Toba, quien enterraba su fortuna por falta de bancos.
Otra posibilidad es que sea
una mina sellada. La minera El Boleo de Santa Rosalía realizó exploraciones a
principios del siglo pasado en busca de cobre. Tal vez este portal sea uno de
esos yacimientos abandonados.
Finalmente, mientras regresaba
al vehículo, una sensación persistente me acompañaba: este portal, más allá de
su origen, parecía contener un mensaje. Quizá no se trate de una puerta para
cruzar, sino de un umbral simbólico, una invitación a mirar hacia adentro, a
explorar las vastas dimensiones de la mente y del espíritu.
A veces, los verdaderos
portales no conducen a otros mundos, sino que nos devuelven a nosotros mismos,
recordándonos que la sierra, con todos sus misterios, guarda respuestas para
quienes se atreven a imaginar. Y quizás eso sea lo único que necesitamos: no
resolver el misterio, sino aprender a convivir con él.

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