El bulevar Olachea

 

Pasado y presente de la ciudad, en la misma calle



Nuestra calle principal, en Ciudad Constitución, es el bulevar Agustín Olachea Avilés, nombre de un ilustre personaje que apoyara, como gobernador del territorio de Baja California Sur, la colonización del Valle de Santo Domingo y que, gracias a ello, se convirtió en patriarca de los colonizadores de esta tierra.

El bulevar Olachea siempre ha sido nuestra carta de presentación, paso obligado de los que transitan por la carretera transpeninsular, hacia el norte o hacia el sur, ya que es parte de la carretera federal. Seguramente usted ya lo conoce.

Mencionar el bulevar de Ciudad Constitución no sólo es hacerlo de la avenida principal, de la cara bonita de la ciudad, sino que es referir también su historia, de sus grandes eventos sociales, deportivos y culturales; de su comercio y de muchas cosas más. Es señalar la primera calle que marcó el nacimiento de esta ciudad.

Actualmente presenta un aspecto agradable a la vista de locales y visitantes. Está pavimentada de principio a fin. Asimismo, sus jardines laterales siempre están bien conservados y limpios, las cuadras de su contorno está atiborrada de comercios de todo tipo. Las tiendas principales se asientan ahí, en su vera.

Dada la importancia del tráfico vehicular y peatonal en la avenida, todo negocio o empresa grande que llega a la ciudad busca ubicarse a sus costados, de poco más de tres kilómetros, que por cierto tiene la mayor actividad desde muy temprano hasta altas horas de la noche.

Cuatro grandes hoteles se ubican en su orilla, cinco gasolineras importantes, algunos bares, también restaurantes, cafés, una escuela secundaria, así como la plaza principal y el edificio del Ayuntamiento, y, claro está, la Casa Amarilla, nuestro centro cultural de moda.

Como resultado del creciente fluyo económico, podríamos asegurar que el comercio monopolizó los espacios y desplazó las viviendas originales, mismas que desde un principio se asentaron en esta parte hoy importantísima de la avenida. Hoy es, sin duda, el centro vital del comercio de Ciudad Constitución, y el recorrido obligado de quienes quieren distraerse o pasar un rato agradable, pues aquí están también los bares y discotecas de la ciudad.

Como antes dije, en esta vía no sólo está la actividad turística, sino también la comercial y de servicios, todo en una sola calle.

El bulevar Olachea es el centro neurálgico de la ciudad, pues lo que no está sobre esta avenida está a su alrededor.

La ciudad prácticamente nació en esta calle que, en 1952, nada más era una brecha sobre la cual se construiría la carretera. Junto a ésta, y a un lado del camino que comunicaba a Palo Bola con el Refugio, se construyó, en 1953, el campamento de la Junta Local de Caminos, hoy denominada la Casa Amarilla, tiempo después llegaría la carretera de terracería.

 

 


La trasformación

En un principio la zona comercial del bulevar se extendía desde el súpermercado El Crucero, a la entrada norte ―hoy Aurrerá―, hasta la calle Madero, donde terminaba el Fundo Legal. Después se amplió la población hasta la calle 20 de Noviembre, pero sólo por la parte este, ya que el lado oeste era un rancho agrícola de la Colonia Real. Ahí estaba la casa de la familia Real, que duró muchos años. Fue siempre reconocida por todo mundo por sus jardines y su enorme patio, porque además había sido construida de adobe y emplastada con cal. Como resultado, una casa muy bonita a pesar de la sencillez de su arquitectura. Sin embargo, el progreso acabó con ella; Soriana compró el terreno y la derribó. A la fecha no se ha construido nada allí.

El bulevar Olachea ha sufrido varias transformaciones. Primero fue una brecha, después camino de terracería, posteriormente tuvo pavimento (únicamente por el carril central).

A finales de los sesenta, durante la gestión como delegado del ingeniero Martínez, se construyó el bulevar con dos carriles más de circulación en cada sentido. Uno por arriba y otro por abajo. Más adelante se le sembraron paraísos y otras plantas de ornato. No fue sino hasta la administración de Alfredo Polanco que se le colocaron palmeras, las cuales aún se conservan y que, para bien de la avenida, se han convertido en referente de la ciudad. No mucho tiempo después se colocaron maceteros, luego buganvilias y otros árboles.

Hace pocos años, durante la gestión municipal de Marcos Covarrubias, se ampliaría a tres carriles de circulación en ambos sentidos: uno por arriba y dos por los laterales. En una época hubo cuatro semáforos los que con el tiempo desaparecieron, ahora es una avenida llena de cuatro altos. Al ampliarse en número de carriles se cerraron varias calles laterales y después algunas se abrieron nuevamente al tráfico.

Hay varios cruceros peligrosos debido al número elevado de autos que circulan por ahí. Uno es el principal, por eso se le denomina “el paso de la muerte”. Está ubicado en Olachea y Madero. Sucede que en este punto convergen, además de varias tiendas y oficinas importantes, los conductores que van o vienen de Pueblo Nuevo, de Residencial La Hacienda y el Cuartel militar.

 


 

Así nació la ciudad. Los primeros colonos

El Valle de Santo Domingo se conformó de colonias agrícolas. Quedó, entonces, el bulevar dentro de la colonia Revolución Mexicana, y, como en la Casa Amarilla ―antes campamento de la Junta Local de Caminos―, había un pozo de cielo abierto los primeros habitantes se asentaron frente a la construcción que estaba en proceso.

Ya estaban instalados allí don Alejo Verdugo, velador del campamento, y don Luis Tapia, y familia, que era quien estaba terminando la construcción de dicho edificio.

En 1953 nació el primer nativo de la colonia, que ya para ese entonces se le comenzaba a denominar como el crucero o Kilómetro 211. La señora Guadalupe Ramos da a luz el 13 de agosto a un niño que llevaría por nombre Víctor Manuel Mendoza.

En 1954 llegaron, procedentes de Baja California, 70 familias más que se establecen alrededor de los que ya estaban y nace, en ese mismo año la Escuela Primaria Revolución de 1910, que fue fundada por el Prof. Víctor Manuel Peralta.

 

 

El comercio

En 1955, el súper El Crucero nació ahí, como la Tienda Negra, pues era un galerón de madera forrado con cartón negro, de aquí el nombre. En esa misma fecha nació también el súper El Campesino, de la familia Siqueiros. En los años posteriores de esa misma década e inclusive de la siguiente, llegarían La Refaccionaria Mayco, de Rodolfo Montaño, también la refaccionaria Jaubert, de don Alfonso Jaubert, la tienda de don Remedios, la frutería Durango, el Tonys Place, de don Antonio Martínez, Casa Cota, la Proveedora del Valle, de la familia Trasviña y Abarrotes Peralta.



También, sobre esta misma avenida, estaba el restaurante de doña Manuelita, en donde, por cierto, se gestó el nombre de nuestra ciudad en 1957, cuando en una reunión del Club de Leones celebrada en ese lugar el ingeniero Vinicio de Llave propuso que se llamara Constitución, por la celebración del Centésimo Aniversario de la Promulgación de la Constitución de 1957. El restaurante de doña Manuelita estaba ubicado en Olachea y Galeana, en donde ahora se encuentra un banco.

También se construyeron sobre el bulevar el consultorio y farmacia del doctor Maya, primero, y luego el edificio del doctor Gonzalo; igual las oficinas de Colonización, todas a un costado de la carretera.

Hubo otras construcciones formales como el restaurante el Oasis, de don Luis Guiza, en 1955. Que se convertiría, ese mismo año, en terminal de la primera línea de transporte de pasajeros que dio servicio hacia la ciudad de La Paz, me refiero a Autotransportes Águila. En 1958 se construyó el edificio de Sagarpa, y otros muchos más que poco a poco han desaparecido o se han transformado.

En 1962 se construiría la primera plaza pública de la comunidad, La Ignacio Zaragoza, que también está sobre esta avenida y en donde, durante muchos años, se llevarían a cabo los bailes públicos, kermeses, fiestas patrias y el carnaval local, cuando lo hubo.

En una época, cuando el cultivo del algodón estaba en su apogeo, esta plaza era insuficiente para los cientos de personas que acudían los domingos a dar la vuelta, a escuchar música o simplemente a disfrutar el día.

Aquí también se han realizado los informes de los presidentes municipales, el acto conmemorativo del aniversario de la Constitución y de la fundación de la ciudad; además los actos oficiales de fechas y eventos importantes como la ceremonia del Grito de Independencia y otras más.

Ahora también luce el nombre con letras monumentales: “El Valle, Comondú”, el cual debiera ser: “Ciudad Constitución”.

Mucho antes de que se construyera la plaza Ignacio Zaragoza estuvo en ese lugar un destacamento del 14 batallón que mandó el general Olachea en 1954 para que mantuviera el orden. El jefe de este grupo militar era el teniente José Alemán Caballero. Acamparon con sus casas de campaña en ese lugar, tiempo después se trasladarían a sus instalaciones en donde ahora es la unidad habitacional de jefes y oficiales, también sobre el bulevar.

En una ocasión, cuando todavía estaba este batallón en donde ahora es la plaza principal de la ciudad, en 1957, durante el desarrollo de la primera feria, cuatro jinetes se dedicaban a ingerir bebidas embriagantes a bordo de sus animales y uno de ellos, dicen, se metió con todo y caballo al restaurante de doña Manuelita y se orinó en una de las mesas del citado restaurante. De tal manera que llegaron los soldados y se los llevaron detenidos. La cárcel era un cuarto de fíbracel, cuyos barrotes esquineros estaban enterrados como medio metro. La construcción media más o menos tres metros por cada lado. Ahí los encerraron. Uno de esos jinetes era don Mauricio Meza Rochín. Después de que se marcharon los soldados empezaron a mover el cuarto hasta que lograron sacarlo y se lo llevaron, dejándolo a media calle, como a cien metros de su lugar donde estaba originalmente. Luego se fueron a dormir cada quien a su casa.

 

 


Desfiles

Los desfiles del 16 de septiembre, 20 de noviembre y Día del Trabajo se realizaron, durante muchísimos años, por esta avenida. Las peregrinaciones que promueve la iglesia también, lo mismo cuando hay alguna marcha de protesta siempre es paso obligado por esta calle.

En la época decembrina esta calle se viste con motivos navideños, adornos, luces multicolores, piñatas y otros objetos típicos de esta fecha que cubren todo el espacio disponible para ello. No puede faltar el Nacimiento y el enorme letrero de “Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo”. A veces en la Casa Amarilla o en alguna zona adyacente al palacio municipal.

Antes la publicidad o anuncios de eventos importantes era obligado colocar una manta sobre el bulevar.

Uno de los primeros centros de diversión con música en vivo, allá a principios de los setenta, era la Terraza Jardín, que se ubicó sobre la citada avenida. Después vendrían muchos más, como el Comundeños o el Knock Out. Desde su construcción esta avenida ha sido el lugar preferido de los jóvenes, los estudiantes, las parejas y las familias para salir a dar la vuelta; en épocas de vacaciones escolares o en el verano se puede apreciar un mayor tráfico de personas paseando a bordo de sus vehículos mientras otras estacionadas en las laterales se reúnen a platicar.

Quién no recuerda las aventuras vividas en esta calle, particularmente en su juventud. Cuántas anécdotas e historias hay de su paso por este lugar.

Recuerdo, por ejemplo, que en 1970, cuando llegué a trabajar a esta ciudad, recién me había comprado un pick up Ford 1958, y echaba en la única gasolinera que había en esa época ―la de Santana, en el centro― diez pesos de gasolina. La verde costaba ochenta centavos y la roja un peso. Y a dar la vuelta por esta calle, a veces con la novia, a veces con los amigos o solo, en esos años no había mucho qué hacer y los días se hacían largos y tediosos.

El bulevar Olachea ha sido también paso obligado de las caravanas de vehículos con motivo de apertura o cierres de campaña de los candidatos, principalmente en tiempo de elecciones.

La carrera de la Baja Mil, evento que proyectara a Baja California Sur en el plano internacional, en sus inicios nos dio la oportunidad de admirarla de cerca, puesto que los vehículos pasaban por el bulevar Olachea. Siempre se llenaba de personas, chicos y grandes, de punta a punta durante casi 48 horas que era el tiempo que tardaban en pasar los corredores. Después los autos sólo llegarían hasta el monumento al general del mismo nombre y doblarían por la carretera a San Carlos. Ahora su recorrido es por lugares cercanos al Pacífico.

Los presidentes de la República, cuando venían, siempre eran recibidos sobre esta avenida.

Sobre el entronque a Puerto San Carlos y bulevar Olachea está el único monumento que hay sobre esta avenida: el del general Agustín Olachea. Poco más al norte está en exhibición un tractor de aquellos que usaron los primeros agricultores de la región y al final un letrero con el nombre de la ciudad.

La evolución del bulevar Olachea es evidente, ya que en sus inicios, cuando era de terracería, no nada más era un dique que detenía las corrientes de agua en tiempo de ―la cual afectaba las construcciones aledañas―, sino que además su imagen era muy rústica y pueblerina. En cambio ahora compite por su belleza con avenidas importantes de otras ciudades y es, además, un deleite transitar por ella.

El bulevar Olachea, es, pues, una calle profundamente ligada a la historia de nuestra ciudad.



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