Alejandro Mota Vargas

 


Hace unos días la familia del profesor Alejandro Mota Vargas comentó que en estas fechas el maestro Mota estaría celebrando 85 años de edad. Por este motivo quiero recordar a la persona que fue mi maestro y a quien todavía le guardo un gran aprecio. Aún lo recuerdo como lo que fue, un excelente profesor, estricto, amable y con un gran don de gente.

Conocí al profe Alejandro Mota Vargas en el año de 1958, fecha en que llegamos a Villa Constitución ―más conocida en ese tiempo como El Crucero―. Mis padres eran docentes en aquellos años y les tocó laborar en dicha comunidad en la única escuela que había, la Escuela Revolución de 1910, que fundara cuatro años atrás por el profesor Víctor Manuel Peralta Osuna.

Alejandro Mota Vargas fue mi maestro de tercero, cuarto y quinto año, y tan sólo unos días en el sexto grado, puesto que en ese año, 1961, cambiaron a mis padres a la ciudad de La Paz y el profe Mota pasó a ser maestro de la Secundaria Flores Magón, la cual también ese mismo año iniciaba sus actividades bajo la dirección de su fundador, el profesor Ricardo Fiol Manríquez.

Al profe Mota le gustaba además el deporte y también era muy bueno para declamar. De esa época, cuando nos tocaba clase, por las tardes siempre nos recitaba “Por qué me quité del vicio”, de Carlos Rivas Larrauri, al igual que “Guadalupe La Chinaca”, de Amado Nervo; o bien, “Mamá, soy Paquito” y “La Guaja”. Las dos primeras me las aprendí y hasta la fecha las tengo presentes en mi memoria.



Fue también muy exigente con la disciplina. Recuerdo que en una ocasión ―creo que fue la única―, estando nuestro salón, a un costado de la iglesia de Lourdes ―casi todos los grupos estaban diseminados por la población ya que la escuela no tenía un edificio en forma―, me peleé con otro compañero y nos castigaron. En la hora de recreo, de pie y con las manos en alto, el profe nos puso un ladrillo en cada mano durante un rato. Así se usaba. Y estuvo bien la escarmentada, porque aprendimos la lección. No nos pasó nada, sólo quedó como una anécdota que habremos de recordar y compartir con nuestros hijos y nietos.

Con él aprendí a manejar el yeso y los flejes de lámina. Hacíamos trabajos diferentes: porta veladora, porta planchas, trabajos de cuernos de res y muchas cosas más que después, como maestro, me serían de gran utilidad. Lo más terrible para mí, de las clases del profe Mota, era cuando nos hacían los exámenes de canto. ¡Ah! ¡Cómo sufría! Lo bueno es que eran cada fin de año.

En el tema de lo deportivo, el profe Mota fue un incansable promotor de toda actividad física. En aquellos tiempos los deportes que más se practicaban eran el volibol, porque sólo bastaba tener la red y la pelota y en cualquier espacio se armaba la cancha. No así el básquet, que requería piso de cemento que en esos tiempos era muy difícil de lograrlo.

Otro de los deportes populares era el beisbol, dado que nada más bastaban los utensilios de juego, guantes, bate y pelotas para armar un equipo.

En una ocasión, estando yo en tercer año, el profesor Mota llevó un equipo de beisbol a Isla Margarita. Yo me colé. Nos fuimos en el autobús que iba a La Paz hasta Santa Rita y ahí en un pick up con redilas hechizas. Cuando íbamos a medio camino, yo iba sentado en la tapa de atrás, agarrado de una de las tablas laterales. De pronto ésta se desprendió porque en ellas iban recostados varios jugadores. Al soltarme me caí del vehículo en movimiento. EL resultado de ese accidente fue una nariz atrofiada. El doctor Panchito, en aquel tiempo muy joven, fue quien me atendió. ¡Gracias a Dios sobreviví a ese momento y aquí estoy todavía! Esto que ocurrió fue una experiencia más de vida para mí, para mis padres y, seguramente, para el maestro también.



El profe Mota llegó al valle procedente de Nayarit con varios de sus compañeros más, recién egresado de la Escuela Normal de Jalisco, Nayarit. Ellos pensaban, cuando les ofrecieron trabajo, que estarían cerca de la frontera, y cuando llegaron se dieron cuenta que estaba profundamente equivocados. Pero aceptaron el reto. Se quedaron y trascendieron en el ámbito local haciendo historia.

El profesor Alejandro Mota Vargas llegó al Valle de Santo Domingo en 1957 a la colonia Michoacán. Sustituyó en ese lugar al profesor Eliseo Medina, también compañero egresado de la misma Normal de Nayarit.

En este lugar no le fue nada bien al maestro Mota, pues enfermó debido al tipo de alimentación distinta a la que su organismo estaba acostumbrado. Por tal motivo tuvo que ser trasladado a la Ciudad de México para ser atendido. No está demás decir que regresó con bien, para nuestra fortuna y suya también.

El siguiente año, 1958, fue cambiado a la escuela Revolución de 1910.

Con el tiempo el maestro Mota accedió a una dirección de secundaria en Ciudad Insurgentes, y en el ámbito político fue diputado local.

La relación con el profesor Mota fue más allá de ser mi maestro y compañero de trabajo de mis padres, pues se casó con Linda Trasviña, hija de don Pancho Trasviña y de doña Rosario Aguilar, ambos conocidos de la familia y parientes lejanos, pues eran de San Bartolo, vecinos nuestros en aquel lugar.

Alejandro Mota Vargas perteneció a aquella generación de maestros comprometidos con su trabajo y con la comunidad, a quienes no les importaban ni los horarios, ni los días de la semana para cumplir con su responsabilidad como maestro. Aun con todas las carencias y limitaciones que había en una época en el que la comunidad era unas cuantas chozas, sin los más elementales servicios urbanos en las que había dificultades hasta para adquirir alimentos y todos los satisfactores que la población requería. Incluso así caminaron de la mano de las autoridades y de los propios habitantes, encabezando las gestiones y eventos que llevaran al mejoramiento de las condiciones de vida de la población en general y, sobre todo, del trabajo educativo.

Fue también un liberal destacado y un gran ser humano al que todos, quienes fuimos sus alumnos y quienes lo conocieron, lo recuerdan con sincero afecto y gratitud.

¡Un abrazo hasta el cielo, querido maestro Alejandro Mota Vargas!

Comentarios

  1. Dios lo tenga. En el cielo mi buen maestro. Exelente persona. Bendiciones asta el
    cielo

    ResponderBorrar

Publicar un comentario