La década de los sesenta fue uno de esos periodos que marcaron
a los sudcalifornianos. Esos años sentaron las bases para la transformación
radical del entonces territorio de BCS, El cual con una serie de cambios
económicos, políticos, tecnológicos, culturales, sociales, etcétera, dieron
como resultado un crecimiento poblacional del cien por ciento con relación a
décadas anteriores, en donde la tasa de nacimientos fue menor a dos por ciento.
En la década de los cincuenta, tras la llegada de los colonos a Los Planes y El
Valle de Santo Domingo, se incrementó al tres por ciento, sin embargo a partir
de los sesenta el crecimiento fue del siete por ciento.
A quienes les tocó vivir en la ciudad de La Paz en la época
de los sesenta, coincidirán que ese tiempo marcó un antes y un después en la
vida de los sudcalifornianos, porque fue una época de transición entre una
comunidad típicamente provinciana —La Paz tendría unos veinte mil habitantes—,
hacia otra que se integró rápidamente a la modernidad y el progreso.
La llegada de los transbordadores, el incremento de vuelos,
de rutas y de aviones de mayor tamaño y más veloces (Jets); la construcción de
la carretera Transpeninsular, la apertura de otra estación de radio y el primer
canal de televisión, el primer diario estatal con una visión más globalizada y
equipo moderno; la aparición de los primeros grupos musicales modernos, las
bases para transformación de Territorio a Estado y la restitución de los Ayuntamientos,
la apertura de la preparatoria Morelos, primera escuela de educación media
superior del territorio; la inserción a la economía nacional con la producción agrícola
del Valle de Santo Domingo y el turismo, tanto nacional como extranjero que se
acrecentó de mediados de los sesenta, impactaron en el crecimiento y
desarrollo, no sólo de La Paz, sino de toda la entidad.
Todavía, a principios de los sesenta el comercio que entraba
y salía del entonces Territorio de BCS., en su mayoría, se hacía por barco, en
buques pequeños que nos surtían de los insumos necesarios para atender las
necesidades de los habitantes de la entidad. Eran barcos de carga, casi todos
de cabotaje. Ante la falta de camarotes, sólo traían algunas literas para la
tripulación. Los pasajeros viajaban en cubierta, expuestos a las inclemencias
del tiempo. Ya se imaginarán cuando los agarraba un norte, si cotidianamente
llegaban empapados y hasta vomitados a veces.
El Muelle Fiscal fue, pues, el centro neurálgico de la
economía sudcaliforniana durante muchos años, principalmente de la mitad de la
península. Por ahí entraba y salía todo lo que se producía o consumía.
En esos años se mostraba una febril actividad derivada de
flujo de los productos agrícolas del Valle de Santo Domingo que, por esta vía,
el Muelle, eran enviados a otras partes de la república o del mundo. Actividad
que comenzó en la década anterior y terminó en 1969, fecha en la que entró en
servicio el muelle de Puerto San Carlos, municipio de Comondú, y se trasladó a
ese lugar parte de la actividad que antes se realizara en La Paz.
En el Muelle Fiscal de La Paz siempre había barcos, algunos
pequeños de madera como el Viosca, el
Arturo, el San Jorge y el Raúl,
hasta barcos muy grandes como el Anáhuac
y el BM Santa Teresa. Todos eran de
carga, pero también llevaban pasaje, porque era la manera de salir de La Paz.
Aunque muy incomodos y lentos, hacían de dos a tres días a puertos del Pacífico.
Recuerdo que el Raúl era tan pequeño
que cuando transportaba algún vehículo lo subían atravesado y los extremos del
auto salían hacia los lados. Imaginen ese barco en mar abierto. Era lo que
había.
Cotidianamente llegaban y salían los mismos barcos, algunos
de la familia Ruffo, otros de la familia Vonborstel y otros de otras compañías que
daban servicio de cabotaje de este puerto hacia el Pacífico.
En
los sesenta la Agencia Naviera Ruffo, propiedad de la familia Ruffo Hermanos,
alcanzó su máximo desarrollo. Contaban con circo barcos: el Korrigan IV, el Santa Providencia, el Arturo
y el Santa Tersa. A este último se le
puso el nombre en honor a la esposa de uno de ellos. Más tarde llegaría el transbordador
Salvatierra, que partía de la
terminal San Antonio, cerca de Abaroa, y que transportó carga y pasaje de La Paz
a Topolobampo durante varios años, hasta que finalmente, en 1976, se hundió
frente a las playas de El Tecolote, en el canal de San Lorenzo.
Con
la llegada del transbordador La Paz, en
1964, y luego con la llegada de otros barcos similares, el pasaje que
tradicionalmente viajaba por barco de forma muy rudimentaria desde el Muelle Fiscal
a hacia Topolobampo, Ensenada, Guaymas Mazatlán y Manzanillo, se trasladó a las
nuevas instalaciones de la terminal de Pichilingue, puesto que desde este lugar,
en forma cómoda, rápida y segura, se viajaba en clase salón o en cabina, con
servicio de restaurante, y de forma muy económica, pues sus inicios se cobraba
cincuenta pesos de aquí a Mazatlán.
Poco después los Ferrys cambiaron de manera radical la forma
de viajar por barco y aumentó considerablemente el flujo de personas de y hacia
el macizo continental, rompiendo en esa década con un esquema que había
permanecido durante muchos años.
La llegada
de los transbordadores provocó el arribo de cientos de personas atraídos por la
zona libre en busca de los artículos estadounidenses, mejor conocido con el
término de “fayuca”. Esto ocasionó, primero, que el comercio local de artículos
extranjeros creciera rápidamente y, además, que muchas de estas personas que
venían de compra se quedaran a radicar en la capital del estado, quizá porque
había muchas opciones para hacer negocios. Luego llegarían los grupos de
turistas nacionales simplemente a conocer las múltiples bellezas de esta
tierra.
A partir de la mitad de los sesenta la población empezó a
crecer considerablemente. Desde los cincuenta, pero principalmente a partir de
los sesenta, se comenzaron a instalar los primeros hoteles en el sur del estado,
como El Finisterra, por ejemplo. Como no había carretera entonces se creó
Servicios Aéreos de La Paz para transportar a esos lugares a los pasajeros que
llegaban a La Paz procedentes de los Ángeles.
Hasta
los sesenta, todavía la comunicación con Baja California era por mar o por aire,
ya que viajar por tierra representaba un proeza, pues había que recorrer mil
quinientos kilómetros por brecha, y para ello se necesitaba ser buen chofer,
llevar un vehículo en muy buenas condiciones, suficiente gasolina y alimentos
para los varios días que se hacían en el citado recorrido. Por eso eran pocos
los que se aventuraban a realizarlo.
Los primeros colonos de la Revolución Mexicana, hoy Ciudad Constitución,
llegaron procedentes de Mexicali en un camión que enviara el general Olachea en
el año de 1953. Hicieron el recorrido en trece días, desde la capital del
vecino estado de Baja California al Valle de Santo Domingo.
A Mediados de los sesenta se iniciaron también los trabajos
de construcción de la carretera Transpeninsular, con un nuevo trazo y
totalmente pavimentada. De tal manera que para 1970, fecha en que se inició el
tráfico de vehículos particulares, así como de carga y pasaje, se había
intensificado y convertido en una opción práctica y segura de viajar, tanto a
al estado vecino como a los Estados Unidos de Norteamérica.
Autotransportes Águila, en ese tiempo propiedad de empresarios
locales, inauguró su servicio de transporte hacia Tijuana el 24 de marzo de
1974, con lo que se suma un servicio más de trasporte de pasajeros gracias a la
construcción de la Transpeninsular.
También prestó igual servicio Tres Estrellas de Oro, en la
misma ruta La Paz-Tijuana y Tijuana La Paz.
Desde
1941, Aeronaves de México había iniciado un servicio regular de pasaje entre
Mazatlán y La Paz, con aviones de hélice, de 21 a 28 pasajeros.
Hubo otras aerolíneas que se sumaron a la tarea de comunicar
a Baja California Sur con el macizo continental o con Tijuana y Ensenada, la
mayoría con aviones pequeños similares a los de Aeronaves de México. Algunas
duraron poco tiempo; en otras más; sin embargo, su trabajo se enfiló al
transporte local, a los estados cercanos de la costa del Pacífico, un servicio de
cabotaje podríamos decir. Pero sería hasta mediados de los sesenta cuando
Aeronaves de México comenzó a operar los aviones Douglas DC-6 tetramotores de
sesenta pasajeros e inició vuelos directos hacia los Ángeles, Tijuana,
Acapulco, Guadalajara y México. En 1967 Baja California Sur entró a la era del
Jet con los Douglas DC-9 de Aeronaves de México que acortarían los tiempos de
vuelo a casi la mitad de lo que se hacía a la fecha en las mismas rutas y
duplicaría la oferta de asientos en cada vuelo.
Los vuelos directos en aviones modernos y rápidos a ciudades
como Los Ángeles, Tijuana, Guadalajara Acapulco y Ciudad de México, generarían
un flujo importante de viajeros, turista y hombres de negocio.
Comencé
a escuchar radio a muy temprana edad, sin embargo fue en mi adolescencia cuando
más me impactó. Prácticamente me enamoré de ella. Soy, entonces, de la
generación de la radio. En aquel tiempo escuchaba la XENT de Francisco King, su
música semiclásica y sus noticieros. Me tocó acudir a los mítines del FUS que
se hacían en la Colina de Sol. De sus programas recuerdo uno policiaco que se
llamaba Julios Meyer, alias La Cobra
y Kalimán, el hombre increíble.
Quién de aquella época no recuerda la voz del propio King y
de su hermana, quien era la voz femenina de la estación. La voz del profesor
Román Pozo Méndez, cronista deportivo, quien fuera mi maestro en la escuela Normal
Urbana de La Paz.
En 1958, Francisco King inauguró la estación de radio XENT, la cual
llegó para atender un espacio de comunicación local que antes se llenaba con
estaciones de otros estados y principalmente con la XEW de la ciudad de México.
A través de este medio pudimos acceder a novelas, series policiacas y
programas de noticias de carácter local.
La XENT se convirtió, a partir de los sesenta, junto con el periódico El Eco de California, en la tribuna
desde la cual se catapultó una aspiración del pueblo sudcaliforniano de tener
un gobernante civil, nativo y con arraigo. Una lucha que duró muchos años y que
culminó con el movimiento de Loreto 70.
Finalmente, no
sólo tendríamos un gobierno civil, sino que nuestra entidad se convertiría en
Estado Libre y Soberano y, además, se reestablecerían los Ayuntamientos.
Llegamos a la mayoría de edad políticamente hablando y nos incorporamos al
pacto federal en igualdad de circunstancias que el resto de las entidades de la
República mexicana.
Ya para 1963 se inauguraba la XEHZ de Raúl Aréchiga Espinoza, en la
frecuencia de los 990 de AM con mil Watts de potencia.
La HZ, con una programación musical más acorde a la época y al gusto de
la mayoría de los sudcalifornianos, más moderna y con locutores en vivo, llegó
a sectores de la población que gustaban de la música popular. Entre ellos los jóvenes
que estaban viviendo una etapa de libertades y rebeldía, y uno de los
instrumentos que usaron para manifestarse fue la música. Quedarían atrás las
grandes orquestas para dar paso a los grupos de rock. Baja California Sur
también entró en esa dinámica, cambió las orquestas locales, Rafael Castro y
otras, las cuales fueron desapareciendo y comenzaron a surgir y llegar grupos
de música moderna, principalmente rock, como fueron los Wander’s, que surgieron
en los años 64-65, misma fecha en que llegaron procedentes de Ensenada, Los
Mayestic. Ambos grupos, uno local y otro foráneo, marcaron el inicio de una
época que duraría muchos años. En ello contribuyó la XEHZ.
Después sería la XEHZ, de Raúl Arëchiga, con quienes trabajé
en la electrónica de su propiedad en el verano de 1965, de ahí recuerdo algunas
voces excelentes como la de Gustavo Gutiérrez González, quien era gerente de la
estación y la de su hermano Víctor Manuel; Ricardo Hernández Hoyos. También
había un locutor en el turno de la noche que tenía una muy buena voz, Rodolfo
Cervera Pacheco. Nunca lo conocí en persona, pero cuando entraba o salía de su
turno lo hacía con una melodía interpretada por Herp Albert y los Tijuana Brass:
“The lonely bull”.
En la HZ también trabajaron como locutores los profesores
Armando Trasviña Taylor, Eligio Moisés Coronado y Alfonso Sánchez Ramírez, los
dos últimos también fueron mis maestros: uno en la Normal y otro en la
secundaria. Todos ellos, personas muy preparadas y reconocidas social y
profesionalmente en nuestra media península.
La radio nos permitió “ver” los programas. Me refiero a que,
a falta de imágenes, desarrollábamos nuestra imaginación y dábamos forma a los
personajes de cada programa. Desde luego que en algunos casos nos ayudaban los
narradores que eran excelentes; años después, cuando a través de las redes
sociales pudimos, ahora sí que ver literalmente algún programa, por ejemplo: “La
tremenda corte”, que era una serie cubana muy popular en ese tiempo, los
personajes no coincidían con la imagen que cada uno nosotros les dio.
Dieciocho
años después de que se inaugura el primer canal de televisión comercial en
México, llegó este medio de comunicación a Baja California Sur.
Es en 1968 cuando Francisco King inauguró el primer canal de
televisión local denominado XHK TV Canal 10, con lo cual nos integramos de
lleno a la modernidad. A partir de esa fecha, cuando los paceños pudimos, a la
par de otros lugares del interior de la República, disfrutar en un ambiente
familiar y desde casa de los programas de moda de aquella época; de
entretenimiento, novelas, series policiacas, de aventura, comedias y noticias,
que antes sólo mirábamos en los cortos del cine, quienes teníamos la
oportunidad de asistir a uno de estos.
En
1969 el señor Carlos Morgan fundó el periódico El Sudcaliforniano. Aunque no fue éste el primer diario, porque
hubo otros, como El Últimas Noticias,
sí fue el primero en utilizar equipo moderno y una línea editorial actualizada,
así como información nacional e internacional incluida, además con una
circulación estatal, todo acorde a los nuevos tiempos de progreso y avance
tecnológico que ya se vivían en esta época.
La
mancha urbana de la ciudad había permanecido casi inamovible ante el escaso
crecimiento de la ciudad, cuyos límites a principios de los sesenta era al
oriente, Isabel la Católica, al sur la Cinco de Febrero, aunque el barrio de El
Manglito se extendía un poco más allá de El Santuario, y cerca de la bahía y al
norte hasta el pie de La Colina del Sol; el panteón de Los Sanjuanes quedaba
entre el monte.
Los edificios principales en esos años eran el Palacio de Gobierno,
que se encontraba en el centro y que sería demolido durante la administración
del general Bonifacio Salinas Leal, en 1963, lugar en el que se construiría un
teatro, una biblioteca y el archivo histórico de la ciudad.
Sin justificar para nada el daño al patrimonio
arquitectónico e histórico que se cometió al derruir edificios antiguos, la
construcción del nuevo Palacio de Gobierno, en 1964, la de un nuevo teatro en
el centro de la ciudad y el edificio de la biblioteca pública Maestro Justo
Sierra, durante el gobierno del general Salinas, fue el inicio de la
modernización de la ciudad, la cual daría pie para que otros siguieran el
ejemplo.
En el Palacio de Gobierno despachaban los funcionarios
estatales. No había municipales todavía. Ahí estaba la central telefónica de la
ciudad, muy antigua por cierto. Era de aquellas que sólo a través de las
operadoras se podían comunicar de un teléfono a otro. Seguramente la central no
era muy grande, porque empresas como Aeronaves de México tenía el número 8 en
sus oficinas y el 154 en el aeropuerto, igual Trans Mar de Cortes tenía
teléfono número 153.
A un costado del palacio estaba la librería Arámburo.
Frente al palacio estaba el Jardín Velasco, que fuera
escenario de múltiples eventos populares como los famosos carnavales de La Paz.
El Jardín fue modernizado y transformado más adelante, para
después de varios años regresarlo nuevamente a su diseño original.
A la Catedral inicialmente se le cambió se barda por otro
diseño, que posteriormente sería eliminada.
El correo lo ocupaba un edificio que también fue demolido. Estaba
en la esquina de Revolución y Constitución, contra esquina de la Catedral,
cambiándose después a su nuevo edificio, actualmente junto a la Oficia de Telégrafos.
El Telégrafos, en cambio, se ubicaba en 16 de Septiembre y Madero,
donde ahora está Zapatería Canadá.
Bajando por la calle Madero y Belisario Domínguez hacia el
sur, antes de llegar a la 16 de Septiembre, estaba el Mercado Madero, el cual pasaría
hacia la calle Revolución, en el mismo lugar que estuvo el cuartel del Catorce Batallón.
La Planta de Luz estaba ubicada junto a la Escuela Industrial,
hoy Museo Tecnológico, frente a la Escuela Hidalgo.
El comercio
Los comerciantes del centro comenzaron también a modernizar
sus instalaciones, como fue en un inicio Librería Arámburo, que construyó un
edificio de tres pisos, la mueblería La Palma, Mercería Armenta y otros muchos
más.
Pero no solo fueron los edificios, también cambio la forma
de atender al público que antes se hacía a través del mostrador, para dar
entrada a los supermercados con autoservicio como fueron Servicentro, Mercados
Aramburo y La Perla de la Paz que cerro su tienda de abarrotes la cual estaba
ubicada en Mijares y Agustín Arriola para construir El Centro Comercial
Californiano.

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