En el kilómetro sesenta y cuatro, de la carretera transpeninsular, poco más adelante de donde termina la última ampliación del tramo de La Paz a Ciudad Constitución, en una extensa curva se encuentra un árbol, que se distingue a simple vista por estar solitario en el área federal. Pocos ejemplares se ven sobre esta zona, salvo otro que está en el kilómetro 35.
Este árbol debe tener muchos años, no sé cuántos, pero ya estaba ahí desde los setenta. Me dicen que es una especie sudcaliforniana que se da en la zonas altas de la península, en esta área la altura de la sierra es de aproximadamente de 270 metros sobre el nivel del mar, desde esa parte de la carretera se puede contemplar perfectamente el océano pacífico.
Otros afirman que es una especie que se encuentra a lo largo de la península.
Desde hace muchos años he recorrido constantemente el tramo de La Paz al Valle, primero en los años cincuenta porque mis padres siendo maestros laboraron en la Escuela Revolución de Villa Constitución de 1958 a 1961, viajaban en un automóvil Chevrolet, de los cincuenta o en los autobuses del águila similares a los que ahora prestan el servicio urbano. La carretera no estaba toda pavimentada así que era un martirio el viajar por ella, eran muchas horas de camino en condiciones precarias por el estado de la terracería; después, ya como maestro, regresé a esta región en 1969 y continué el ir y venir a La Paz.
Ya casado seguí recorriendo este tramo de la transpeninsular y fue a finales de los setenta cuando viajando con mi esposa y mi hija mayor, en aquellos años la única, tendría unos cinco o seis años, se le hacía largo el camino de tal manera que ese árbol, al que me refiero me servía para indicarle que al llegar a este, estábamos próximos a llegar a La Paz, así que desde esa época lo bauticé como el árbol de Martha Adriana y así lo reconoce cada vez que lo ve, como su árbol.
Tal vez el próximo año o el que sigue se continúe con la ampliación de la carretera transpeninsular, como es posible que dichos trabajos lleguen a este sitio, me pregunto si lo derribarán o como en otros lugares o países en una circunstancia similar le sacan la vuelta o lo mueven pero no lo dañan, habrá de ver que pasa aquí.
Este árbol al que algunos reconocen como “Pata de elefante”, otros como “Palo San Juan” tiene otras historias, me decían que aquí se aparece por las noches una mujer vestida de blanco la cual deambula por estos lugares; otros comentan que se aparecía recorriendo este tramo de la carretera un hombre que parece un predicador, también de blanco. Nunca he visto algo de esto a pesar de los años que tengo viajando por estos caminos, sin embargo no significa que no haya sucedido. Lo cierto que la sombra de este árbol es y ha sido un lugar que los que viajan por la carretera utilizan para descansar, lonchar, tomarse una chela o hacer una pausa en el camino cuando no tienen prisa, cuando hace mucho calor o cuando el carro en el que viajan trae algún problema.
Platicando sobre este tema con Don Bernardo Tapia quien fuera fundador e integrante del mariachi Los Gavilancillos por más de veinte años, que llegara a Baja California Sur en 1951 junto con su papá el Sr. Luis Tapia y su abuelo Basilio Tapia como albañiles de la compañía TYCSA, que era la que construía la carretera transpeninsular, encargándose ellos de levantar los puentes de los kilómetros 55, 86, 100, 116, 157 y 219, para finalmente ser enviados a concluir los trabajos de construcción de la Casa Amarilla en aquel tiempo ubicada en el Crucero.
Al preguntarle al Sr. Tapia si recordaba algo sobre este árbol en aquellos años en el que él llegó, señalo que en esa época él tenía solamente nueve años de edad, de lo que si recuerda es que ya en ese tiempo se hablaba de los aparecidos, de la mujer de blanco, que por las noches caminaba, unos decían que por la subida del kilómetro 35, otros por el cien, etc. pero siempre sobre la carretera, aunque menciona que él nunca vio nada.
Creo que si preguntáramos a los que viajan cotidianamente en su automóvil, si han descansado en este lugar, seguramente la mayoría contestaría afirmativamente, el follaje y la sombra de este árbol invitan a hacer una pausa en el camino y a disfrutar del paisaje y de los sonidos de la naturaleza, desde luego cuando no pasa algún vehículo.
Pero recuerde usted, que si por alguna causa fortuita se tiene que detener en ese lugar a media noche, póngase abusado, observe bien, y si tiene la fortuna de encontrarse con algún ser paranormal, no se le olvide compartir esta experiencia, seguramente pasará tiempo antes que se olvide de ella.
