LA CAMPANA DE LA ESCUELA REVOLUCIÓN

 


 La Escuela Revolución

La Escuela  Revolución fue fundada  en el año de  1954 por el Profesor Víctor Manuel Peralta Osuna quién fue su primer director.

Conocí al Prof. Peralta cuando mis padres, los profesores  Elías Márquez Taylor y  Esthela Castro Cota fueron asignados para trabajar, en el año de 1958, en esta comunidad; en ese entonces más conocida como “El Crucero”, “Kilómetro 211” o “Colonia Revolución Mexicana” aunque desde un año antes ya tenía  nombre oficial el cual era “Villa Constitución”  en honor al centenario de la Constitución de 1857.

1Profesor Victor Manuel Peralta O.

Permanecimos tres años en este lugar y aquí también trabajaron los profesores Pedro Higuera, Juan Antonio Perpuly,  Rodolfo Valle Núñez, Esther Ruiz, María Asunción Almaraz España, Juan Gutiérrez Luque  y otros más.

El Director de Educación del entonces Territorio era Miguel Alfaro Y Díaz, enviado desde el centro de la República para ocupar ese cargo.

El Inspector de la zona escolar era el Prof. Luis Rodríguez Chávez.                                                      

Recuerdo también al Profesor Alejandro Mota Vargas, quien fue mi maestro en tercero, cuarto y quinto año de primaria.

El profesor “Mota”, así le decía todo mundo, estaba recién llegado de Nayarit en donde había cursado su Escuela Normal, junto con Eliseo y Rito Medina, Juan Flores del Rosario y otros. Él se casó con Linda Trasviña, hija de Don Pancho Trasviña y de Doña Rosario Aguilar.

Fue un magnífico maestro, traía la energía y el entusiasmo de un recién egresado de la escuela normal, pero sobre todo, traía bien puesta la camiseta como todos los maestros de aquella época que se entregaban a cumplir con su tarea de educar y servir a la comunidad a pesar de las múltiples limitaciones y carencias que había en ese entonces, en un pueblo que sólo tenía cinco años de fundado y menos de dos mil habitantes.

En sus inicios los maestros de la  Escuela Revolución dieron clases en aulas que tenían techo de palma y paredes de cardón o choya, los mesabancos eran del mismo material y a veces se trabajó en locales prestados o improvisados, un grupo aquí, otro más allá; cuando se construyó el edificio de la SAGARPA se les prestaron algunos espacios para que allí se dieran clases, luego se construyó el edificio escolar, con paredes de block o ladrillo, no recuerdo bien, el  techo era de asbesto y el piso de cemento. A este tipo de construcción se le conoció como “Aulas tipo Hidalgo”,  ya después, vendrían las prefabricadas y posteriormente las actuales.                                                             

En ese tiempo no había red de agua potable, pero había un pozo en la Escuela Revolución desde el cual se atendía las necesidades de la población y se distribuía en carretas que llevaban dos o tres  tanques de agua de doscientos litros jaladas por un burro o un caballo.

Tampoco había energía eléctrica ni casas disponibles para rentar, lo que nos obligó a vivir temporalmente en una de las aulas de la escuela.

Las tiendas de esa época eran la “Tienda Negra“ que después sería “El Crucero” de la familia Garza, “La Proveedora del Valle” de Franco Trasviña, “El Campesino” de la familia Siqueiros y “La Casa del Pueblo” de Don Prisciliano López.      

Otras tiendas que se abrieron en esos años fueron la “Ciudad de México” del Sr. Árciga y “La Casa Anita” de la Sra. Anita Camacho.

El Cine Variedades de la familia Marín ya estaba, era de adobe, sin piso y con bancas de madera.

La carretera, si bien llegaba a esta zona, no estaba totalmente pavimentada y era más la parte de terracería que de asfalto, lo que ocasionaba que se hicieran muchas horas para recorrer el camino hasta la ciudad de La Paz.

 

El Viaje a la Capital del Estado



Si no tenía vehículo propio, el viaje a la capital del Estado, se hacía en los autobuses de Autotransportes Águila que desde 1955 cubrían la ruta de La Paz a Santo Domingo con unidades que normalmente se usaban para el transporte urbano las cuales tenían asientos fijos, rectos y muy delgados, sin sanitario y los vehículos eran modelo cuarenta y tantos los que al cabo de tanto transitar por la terracería de la Transpeninsular terminaba sonándole hasta la “Tarjeta de Circulación” además de llegar los pasajeros todos llenos de tierra. 

Resulta que mis padres tenían un automóvil Chevrolet modelo cuarenta y tantos  en el que viajábamos a La Paz y viceversa, era de color verde ya que este vehículo había sido taxi del sitio triangulo verde, uno de los más antiguos de la capital del Estado. Recuerdo que las puertas traseras de ese vehículo se abrían hacia atrás y no hacia adelante como los de ahora.

Un día que veníamos hacia Constitución el carro se ponchó tantas veces que se acabaron los parches, en ese tiempo no había llanteras en el camino ni llantas sellomáticas por lo que había que cargar además del gato y la cruceta, con espátulas y parches; era una odisea desmontar una llanta sobre todo para quienes no tenían experiencia o no estaban acostumbrados a ese tipo e trabajo: Primero había que meterse debajo del carro para colocar el gato, lógico que habría de llenarse de tierra o darse uno que otro golpecillo, luego se sacaban las espátulas que generalmente eran dos y con ellas se extraía un lado de la llanta separándolo del rin para a su vez poder sacar la cámara a la cual una vez afuera se le buscaba la fuga y se le colocaba un parche caliente, en ese entonces no había parches fríos, por lo que había que prenderle fuego al citado parche para que quedara adherido a la cámara; enseguida se volvía  a meter la cámara en la llanta  colocando primero el pivote y con las mismas espátulas de fierro se volvía a meter la llanta dentro del rin y con la bomba de aire se procedía a inflarla lo cual no era nada agradable especialmente si no se tenía condición física y menos si era tiempo de calor.                                                    

Una vez que la llanta estaba completamente inflada se procedía a colocarla en el eje, se apretaban las tuercas lo que requería de un gran esfuerzo, igual al que se hacia para quitarlas y luego se  sacaba el gato y listo, en eso ya se iba media hora mínimo de tiempo sino es que más, para  volver a iniciar la marcha.                                         

Se imagina, después de tantas desponchadas y de tantas horas en el camino ya lo que tratábamos era llegar a como diera lugar, así que para lograrlo y una vez agotadas todas las alternativas lógicas y coherentes continuamos sin llanta, solo con el rin, el cual no duró mucho ya que se dañó quedando totalmente inservible, pero llegamos, no recuerdo como, pero llegamos; de esa manera fue cómo ese RIN terminó en el edificio de la Escuela Revolución.

 

La Campana de la Escuela Revolución

Pero la historia de ese rin dañado no termina allí ya que posteriormente fue de gran utilidad para el trabajo escolar y usted se preguntará ¿Cómo?

Resulta que antes de que en las escuelas se utilizara el equipo de sonido para tocar ”La Marcha de Zacatecas”, mucho antes de que se utilizara “El Timbre o Chicharra” para indicar la hora de entrada o salida a clases, mucho antes, se empleaba alguna pieza metálica  para el mismo fin, claro que tenía que ser una que produjera un sonido agradable o al menos no tan desagradable,  y que pudiera ser escuchado a la distancia, y el rin cumplía, de alguna manera, con algunas de las características antes mencionadas. 

En la Escuela Revolución no lo había ya que como dije anteriormente la escuela estaba diseminada de tal manera que no se necesitaba, pero cuando se construyeron las aulas nuevas todos los grupos se volvieron a juntar creando la necesidad inmediata de buscar el elemento adecuado para llamar la atención de los alumnos.

Es por ello que al quedar inservible esa pieza del carro, ese RIN, terminó prestando, durante mucho tiempo, un importante servicio a la comunidad escolar convirtiéndose, de esa manera, en “La Campana de la Escuela Revolución”.

                     

                                        

 

Comentarios